sábado, 26 de diciembre de 2009

Ironía: El equilibrio perfecto

El poder en el Ecuador no puede aplastar a la prensa y retirar cualquier opinión que no esté alineada a su pensamiento. En nuestro país la política cada vez es más limpia y cada vez toma menos atribuciones sobre los sectores públicos del país.
El Presidente Rafael Correa ha creado unos lazos de amistad con la prensa que han permitido que la sociedad se sienta refrescada con una política sana. Es verdad que la prensa ha creado buenos ídolos en lo político, social y deportivo, para tenernos al tanto de lo que pasa en el país, sin intensión de manipular nuestras ideologías.
El deber del periodista ecuatoriano es contar lo que sucede, dar testimonios, ser testigos de acontecimientos importantes e informar sobre ello, un papel que lo ha cumplido a excelencia. En nuestro entorno no se ha llegado a una espectacularización, los periodistas no se creen dueños de la verdad y no creen que pueden confundir a la audiencia, esto ha hecho que el Gobierno apoye totalmente a los medios.
El poder, en este caso el Estado no ha querido quitarle crédito a la prensa, y nunca ha mostrando todos los errores que ésta tiene, sino que la ha respetado. En la actualidad, el periodismo se ha convertido en el cuarto poder, un poder que no levanta o aplasta según su voluntad, un poder que no transmite las ideas y valores de los grupos económicos que los manejan de modo que la información no ha dejado de ser un material objetivo para ser una corriente subjetiva, que no se transmite al receptor de manera ya analizada y orientada.

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